Algo se mueve en Valencia en estos días y tiene mucho que ver con los derechos de propiedad intelectual de los artistas falleros.

Es indudable que marzo es el mes de la magia en la zona del levante español, justo cuando la festividad fallera arranca desprendiendo un arte efímero y fugaz, que se expandirá durante algunos días por cada rincón de la ciudad en forma de pasacalles, de ensordecedoras mascletàs y de maravillosos fuegos artificiales que pintarán los cielos nocturnos.

La plantà de los ninots (monumentos multicolores de estructuras verticales imposibles) comienza aproximadamente el día 15 de marzo, y también el concurso de iluminación de encendido de bombillas en el barrio de Ruzafa; todo ello acompañado de una oferta gastronómica basada en ricos arroces y  buñuelos de calabaza con chocolate a la taza.

Como es de notar, en este contexto de carácter festivo se pueden entrever manifestaciones culturales susceptibles de ser protegidas por derechos de autor, si bien es cierto que la particularidad de estas obras han ocasionado debates polémicos con posturas jurídicas enfrentadas en los últimos años.

Aunque parece ser que actualmente los ánimos se han apaciguado, el hecho de que la fiesta fuese declarada Patrimonio de la Humanidad el año pasado por la UNESCO reactivará, casi seguro, este controvertido tema.

Las Obras Originales y los Derechos de Autor

Sin duda alguna, los ninots constituyen la obra original fallera por excelencia. Esta, plasmada en un soporte físico escultórico, se incardinaría dentro de las llamadas obra plásticas.

Nuestro Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual 1/1996 de 12 de abril atribuye:

La titularidad de los derechos de autor es de sus creadores desde el mismo momento de su creación, sin ser preceptiva una inscripción posterior en el registro correspondiente.

Esa acreditación les otorgaría una tutela declarativa y probatoria frente a terceros. En ese sentido, basándonos en dicho texto legal, los artistas falleros que trabajan incansablemente durante todo un año para enriquecer el acervo cultural con sus obras, poseen unos derechos morales caracterizados por las notas de inalienabilidad e irrenunciabilidad.

Propiedad intelectual de obrasLos derechos morales permiten exclusivamente a su titular (el artista fallero) ejercer todas las facultades que enumera el artículo 14 de la LPI (dº a permitir la divulgación de la obra, dº  de paternidad, dº  a que se respete la integridad de la obra), aunque debe matizarse que sí podrían ceder mediante contrato expreso por escrito y a cambio de una remuneración otro bloque de derechos (los derechos “patrimoniales de explotación económica”). Estos últimos, se encuentran integrados por el derecho de reproducción, de distribución, de transformación y de comunicación pública (arts 18,19,20 y 21 LPI).

En definitiva, aunque los artistas falleros creen sus ninots bajo la modalidad de obra colectiva (art 8 LPI: la creada por la iniciativa y bajo la coordinación de una persona natural o jurídica que la edita y divulga bajo su nombre y está constituida por la reunión de aportaciones de diferentes autores cuya contribución personal se funde en una creación única y autónoma, para la cual haya sido concebida sin que sea posible atribuir separadamente a cualquiera de ellos un derecho sobre el conjunto de la obra realizada), y sea divulgada y editada por la Comisión fallera en cuestión, deberán ser conocedores de su legitimación para obtener una remuneración específica por la cesión contractual de los derechos de explotación y saber que, en todo caso, quedarán ligados a su obra indefinidamente por los derechos morales.

En Atea Compliance, realizamos cualquier acción de consultoría jurídica en materia de propiedad industrial e intelectual, para que los derechos de los autores puedan defenderse y reconocerse ante el órgano competente necesario para cada ámbito de aplicación.